Mariana Morales, licenciada en Filología, es actualmente consultora educativa especializada en evaluación formativa. Su experiencia como profesora de Secundaria y Bachillerato durante 15 años la hace conocedora de la realidad del día a día en el aula. Junto con Juan G. Fernández, ha presentado recientemente ‘La evaluación formativa’, un libro en el que reflexionan sobre algunas prácticas en la evaluación y proponen estrategias para regular el aprendizaje.

Hablamos con Mariana Morales sobre la mejor forma de dar feedback a los alumnos, con el objetivo de que la evaluación les sea realmente útil para aprender. Le preguntamos sobre la mejor forma de dar este feedback, sobre la comunicación con las familias, del error como oportunidad de aprendizaje y de instrumentos de evaluación. ¡No te pierdas esta entrevista!

«El feedback más efectivo es el cualitativo, el que se refiere aspectos específicos y no genéricos, el que se focaliza en unas pocas cosas y que es bien comprendido por el alumno»

En varias ocasiones te has mostrado contraria a poner notas numéricas. ¿Cuál es la mejor forma de dar feedback a los alumnos?

Lo fundamental del feedback es que sea escuchado y puesto en práctica por el alumno. Por eso, no hay que darlo al final, sino rediseñar el proceso en el cual insertamos el feedback, para proporcionarlo durante la secuencia de aprendizaje, dando la oportunidad de rehacer o volver a intentar. 

El feedback más efectivo es el cualitativo, el que se refiere aspectos específicos y no genéricos, el que se focaliza en unas pocas cosas y que es bien comprendido por el alumno. Una de las mejores estrategias para aprender a dar feedback es practicarlo primero entre docentes, sobre cuestiones profesionales.

Muchos padres y madres siguen esperando esa nota numérica a final de curso. ¿Cómo compartimos con las familias este modo de evaluación más cualitativa?

Muchas familias quieren saber qué aprenden sus hijos e hijas. Hay formas más explícitas de comunicarlo que con una nota numérica. Hay países donde se hacen informes cualitativos por materia, incluso a veces es el propio alumno quien explica lo que ha aprendido. Sabemos por la investigación que esta última es una de las estrategias más eficaces que podemos llevar a cabo para aprender. Pero esto requiere un camino previo compartido entre familias, docentes y alumnos, y, también, reorganizar los recursos y prioridades de los centros. No se hace en un año ni en dos.

¿Cómo presentamos el error para que los alumnos no tengan miedo a equivocarse?

Por ejemplo, podemos mostrar al inicio de una tarea 2 modelos de tarea hechos en un curso anterior: un borrador y esa misma tarea en su versión definitiva. Analizamos con ellos las diferencias entre la primera versión, con errores, y la última. Mostramos cómo los errores corregidos han contribuido a que luego la tarea quede mucho mejor. Por supuesto, solo se debería tener en cuenta para la calificación la última versión, porque si no, los errores en la primera penalizan y el alumno temerá equivocarse y hará el mínimo requerido.

¿Cómo convertimos la competición en colaboración, en clase?

En mi opinión, lo primero que haría sería analizar críticamente todas las acciones en las que los adultos promovemos la competición, muchas veces sin darnos cuenta.

Si aplicar el instrumento te lleva más tiempo a ti como docente que el que el alumno dedica después a corregir o rehacer, entonces hay que reflexionar sobre la eficacia de ese instrumento.

¿Qué instrumento de evaluación consideras que es más útil?

La utilidad depende de la finalidad que persigas a la hora de evaluar. Hay que elegir el instrumento de manera que sea coherente con los objetivos de aprendizaje que queremos valorar y centrarse muy bien en ellos, asegurarse de que esté muy bien diseñado para poder interpretar después los resultados. Si aplicar el instrumento te lleva más tiempo a ti como docente que el que el alumno dedica después a corregir o rehacer, entonces hay que reflexionar sobre la eficacia de ese instrumento.

¿Qué opinas de la evaluación competencial que establece la LOMLOE? ¿Estamos preparados para ella?

Las competencias llevan 16 años en las leyes educativas. Respecto a las leyes anteriores, en la LOMLOE han desaparecido los estándares, lo cual facilita mayor autonomía a la hora de contextualizar la aplicación. En cuanto a la evaluación formativa, no hay cambios significativos en la nueva ley.

¿Qué consejo darías a los docentes que quieren mejorar el proceso de evaluación de sus alumnos?

Que lo inserten dentro del proceso de aprendizaje, no al final. Que tengan siempre presente que la evaluación tiene que servir para tomar decisiones que mejoren los aprendizajes de los alumnos. Y que lean el libro que hemos publicado Juan Fernández y yo… [La evaluación formativa. Estrategias eficaces para regular el aprendizaje] quizá saquen ideas también.

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