El juego y el placer lúdico es una de las herramientas a través de las cuales los niños, de manera innata, se descubren y descubren el mundo.

Jugar para crecer: placer lúdico

El juego libre, sin límites ni horarios, es la manera innata en la que los niños descubren e interpretan el mundo. Un mundo que están empezando a conocer y a entender, que necesitan investigar, inventar y explorar.

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El juego, como actividad espontánea en la que los niños recrean de manera fantástica el mundo que les rodea, es la forma innata en la que representan, ordenan y conocen su propia realidad, sus propios límites y los de los demás. Se trata del primer acto creativo del ser humano y es la manera más básica de preparación para el futuro y de conocimiento de sus fantasías y sus necesidades.

Es importante no perder de vista que dotar de un carácter demasiado didáctico al acto del juego puede repercutir de manera negativa: los niños, de manera innata, aprenden de manera significativa también en el juego libre.

Descubrir a través del juego

A través del juego los niños descubren las cosas que pueden hacer por sí mismos, exploran sus habilidades sensoriales y descubren información de su entorno y de sí mismos que le permite adaptarse al mundo. Esto, algo tan innato y básico, es una parte fundamental del desarrollo de los niños y es en este sentido que deben tenerse muy en cuenta la manera en que se llevan a cabo los primeros estímulos.

Juegos o juguetes

Son especialmente interesantes aquellos juegos en los que los niños tienen que inventar una historia, no únicamente seguir unas reglas o perseguir una meta, aquellos juegos en los que la actividad no se basa en superar una serie de etapas sino en divertirse recreando un relato, real o ficticio.

Los juguetes son instrumentos para desarrollar el juego, para auxiliar la actividad lúdica en la que el niño descubre y desarrolla sus habilidades y, en este sentido, un número demasiado elevado de juguetes podría limitar la capacidad de descubrimiento o de sorpresa ante el mundo.

Por ello es importante no perder de vista que los niños juegan buscando un disfrute elemental y que aportar demasiados complementos, ya sean juguetes, videojuegos o normas, puede causar que la actividad lúdica quede limitada o aislada y pierda su carácter fundamental. Así, la capacidad de asombro e imaginación pueden quedar diluidas en otras formas de entretenimiento que pueden desembocar en el tedio, la frustración o la sobreestimulación.

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¿Demasiada tecnología?

Usados de manera correcta, los juguetes digitales, ya sea en forma de apps, de videojuegos o de cualquier otro tipo de entretenimiento digital, son un amplificador del desarrollo emocional e intelectual de los niños.

A menudo vemos que los juguetes digitales sirven para calmar o, de alguna manera, alienar a los niños: es muy importante que esto no se convierta en una manera fácil de apaciguarlos o tranquilizarlos ya que corremos el riesgo de mermar su curiosidad ante otras tipologías de juego.

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