¿Se puede entrenar la atención? ¿Cómo motivamos a nuestros alumnos para mejorar su aprendizaje? Este miércoles 9 de noviembre contaremos con Charo Rueda, autora del libro ‘Educar la atención con cerebro‘ para hablar de neuroeducación y atención en el aula en el tekman Talks ‘¿La atención se educa?

Para conocer un poco más a Charo Rueda, profesora, investigadora y catedrática de Psicología de la Universidad de Granada, le hemos hecho algunas preguntas sobre los temas que trataremos en el webinar.

¿Cómo se relacionan la motivación y la atención en el aprendizaje?

Cualquier maestra o maestro sabe que las actividades que despiertan interés y cuya realización o logro produce satisfacción dan lugar a aprendizajes más eficaces. La motivación es, por tanto, uno de los factores más importantes para el aprendizaje. Esto es algo que intuimos y sabemos desde hace mucho. Lo que tal vez no se conoce tan bien es la relación entre atención y motivación, y sobre todo sus bases cerebrales.

Las actividades que despiertan interés y cuya realización o logro produce satisfacción dan lugar a aprendizajes más eficaces. La motivación es, por tanto, uno de los factores más importantes para el aprendizaje.

Respecto a la motivación, es necesario considerar dos aspectos que son algo diferentes: 

Por un lado, está lo interesante que puede resultar una actividad para cada persona. Este aspecto está relacionado con la activación que la realización de dicha actividad produce en el individuo. En la medida que una tarea resulte interesante y poco aburrida habrá mayor activación en el sistema de alerta y en los circuitos corticales que trabajan en la atención. A este respecto es importante no confundir motivación con ansia por completar un logro. Frecuentemente, un exceso de excitación o ansiedad por conseguir algo puede llevar a un estado de atención alterado que da lugar a conductas sobreactivadas y a una ejecución más pobre. Un nivel moderado de activación es siempre mejor para la atención que un nivel bajo o muy alto. 

El segundo aspecto tiene más que ver con la activación de los sistemas de recompensa en el cerebro. Es decir, lo placentero que puede resultar realizar la actividad en sí u obtener un resultado positivo. La dopamina es un neurotransmisor altamente asociado a la motivación, ya que es una sustancia implicada en la respuesta cerebral a las recompensas, y también es un neurotransmisor vital para la gestión de la atención, lo que llamamos atención ejecutiva. Para el cerebro, aprender significa establecer nuevas conexiones (o reorganizar las ya existentes) entre neuronas, de manera que se pueda realizar lo aprendido. Desde hace unos años, sabemos que la dopamina está implicada en el fortalecimiento de las nuevas conexiones que soportan el aprendizaje. Y algo similar ocurre también con la acetilcolina, un neurotransmisor muy implicado en la selección y focalización atencional. Durante el aprendizaje de nuevas habilidades, la adecuada focalización de la atención junto con la mayor segregación de acetilcolina facilita que las neuronas se activen antes o en mayor medida. Así, poco a poco, durante el entrenamiento, se remodelan las respuestas de las neuronas para que se asienten bien los aprendizajes. 

Un exceso de excitación o ansiedad por conseguir algo puede llevar a un estado de atención alterado que da lugar a conductas sobreactivadas y a una ejecución más pobre.

La sugerencia educativa a este respecto es muy clara: en la medida de lo posible utilizar contextos de aprendizaje que susciten interés. También creo que es importante proporcionar oportunidades para el logro de objetivos y usar reforzadores (premios de diversa índole) tras la consecución de los mismos.

¿Cómo podemos entrenar la atención?

Esta pregunta es difícil de responder en unos pocos párrafos o unas pocas palabras… y, de hecho, para poder responder a esta pregunta con profundidad ¡he necesitado escribir un libro entero!

Creo que no hay una única forma de entrenar la atención y, por tanto, no se puede dar una receta. En mi opinión, la clave está en conocer bien el fenómeno que se quiere entrenar, es decir, en conocer bien qué es la atención, qué componentes tiene, qué factores pueden alterar o dificultar la atención, y con qué tipo de actividades podemos hacer que el cerebro tenga más práctica, más maña, para atender. 

El entrenamiento tiene que producirse en el espacio en el que el aprendiz pueda lograr el objetivo con ayuda o con una dosis de esfuerzo.

Una fórmula que funcionará de modo general es buscar actividades que requieran que el cerebro se ponga en marcha para conseguirlo. Por ejemplo, si una se distrae con facilidad, habrá que hacer ejercicios para controlar la distracción, donde una aprenda a detectar cuando la atención se ha ido de la tarea que tenía entre manos, y ponga en práctica la reconducción de la atención de nuevo hacia la tarea. Muy probablemente habrá que tener paciencia, y detectar y reconducir muchas veces hasta que se consiga con más facilidad. Funcionará también proponer actividades adaptadas a las capacidades de cada cual, y ajustar los requisitos del programa de entrenamiento según se avance. Sabemos que el aprendizaje es máximo en lo que Lev Vygotsky llamó la zona de desarrollo próximo, que es un espacio entre lo que uno puede hacer ya sin ayuda (lo que ya domino) y lo que no puedo hacer ni siquiera con ayuda (lo que todavía no puedo dominar). El entrenamiento tiene que producirse en el espacio en el que el aprendiz pueda lograr el objetivo con ayuda o con una dosis de esfuerzo. 

¿Cómo afectan las redes sociales y las pantallas en las mentes de los alumnos?

Bueno, esto es un tema de mucha relevancia actual porque el mundo cada vez se nos presenta más a través de pantallas y menos de forma natural, lo cual me resulta preocupante. 

Claro, los dispositivos de pantalla tienen una serie de ventajas que los hacen muy atractivos, y no solamente a los alumnos, sino a todos. La información se nos presenta de una forma muy dinámica, el contenido es, en ocasiones, interactivo, y el hecho de que se pueda interaccionar fácilmente con el dedo les hace accesibles a un rango muy amplio de edades. Todas estas cualidades son interesantes y yo creo que se pueden utilizar en beneficio de la educación, pero de una forma racional y sobre la base un conocimiento científico sólido. En el capítulo final del libro “Educar la atención con cerebro” comento los requisitos que debe cumplir una aplicación para ser educativa. Ha habido investigación en esta dirección, y sabemos que

1) el aprendizaje debe ser activo por parte del alumno,

2) es necesario que haya atención y que esta sea voluntaria y sostenida,

3) que la actividad tenga un sentido que el alumno conozca (¿para qué me sirve la actividad que estoy haciendo?),

4) mejor si hay una interacción social real o virtual (¡mejor real!) que proporcione una guía para el aprendizaje,

5) que el diseño de la actividad en sí esté basado en la evidencia científica sobre su utilidad. 

Otra cosa diferente es el uso de dispositivos para actividades de entretenimiento, videojuegos, o de visualización pasiva de vídeos u otros contenidos. A este respecto, la investigación apunta a que las horas de uso de dispositivos dan lugar a mayor eficacia en la atención exógena, es decir, la que es controlada por la estimulación externa, pero un peor rendimiento de la atención endógena, la que es voluntaria y necesaria para gestionar y regular el comportamiento de forma voluntaria y consciente. La importancia que tiene este tipo de atención para el aprendizaje y el ajuste social y emocional de los alumnos hace que esto suponga un problema importante. Sería muy bueno transmitir a las familias que usar la TV como una forma de control del pequeño (por ejemplo, usar la tablet durante la comida, o mientras estamos en la sala de espera de algún lugar, o en el restaurante, etc.) no es una buena idea, ya que no solo perjudicamos el adecuado desarrollo de su atención, sino que estamos perdiendo oportunidades para interaccionar con el menor de formas más ricas (conversar, contar historias, compartir ideas o sentimientos, jugar, fomentar el juego simbólico y el razonamiento, etc.). 

 La comprensión lectora es mejor cuando se lee en papel que cuando se lee en dispositivos de pantalla.

También hay evidencia de que la comprensión lectora es mejor cuando se lee en papel que cuando se lee en dispositivos de pantalla. Incluso, la comprensión y recuerdo de conceptos es mejor cuando se toman notas a mano y en papel en comparación con cuando se teclean las notas en el ordenador. Todo esto indica que la información se procesa de un modo más superficial cuando se interacciona en pantalla, por lo que da lugar a un modo de atención menos efectiva para la regulación del comportamiento y a un aprendizaje menos consolidado. 

El tema de las redes sociales es también preocupante. Las redes sociales están diseñadas para que los usuarios las miremos y consultemos con frecuencia y a veces de un modo impulsivo y casi adictivo. Nos presentan información que saben que es de nuestro interés, y proporcionan reforzadores sociales muy eficaces (¿quién habrá reaccionado a mi post? ¿Cuántos likes me han dado?, etc.). Esto hace que, particularmente los jóvenes, aunque también los adultos, dediquen mucho tiempo de su día a las redes sociales. Y solo hay que sumar o restar: más tiempo en redes, menos tiempo para otras actividades: deporte, estar con amigos, conversar, leer, actividades de ocio, jugar con el perro o cuidarle, etc. A esto se le debe añadir el hecho de que las redes sociales y, en general, los contenidos a los que accedemos de forma gratuita a través de internet compiten por captar nuestra atención. Es muy frecuente que nos salten pantallas con noticias o publicidades que nos suscitan interés. Hay que tener en cuenta que muchas de las compañías que operan a través de la web negocian con nuestra atención.

¿Qué consejo darías a los docentes para mejorar la atención de sus alumnos en clase?

El consejo más efectivo es que sepan más de aquello que quieren mejorar. En la medida en que conozcan el funcionamiento de la atención sabrán incluir estrategias en sus actividades educativas que fomenten la atención de sus alumnos, también podrán detectar mejor las dificultades que presenta cada alumno, y podrán pensar en modos en los que se podrían paliar o frenar esas dificultades. No hay una receta única, la mejor receta es procurar tener un buen conocimiento de la materia y esto conlleva esfuerzo por aprender. ¡Nada nuevo para los y las maestras!

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