Salvador Ferré es doctor en Bioquímica y Biología molecular. Es autor y editor de libros educativos impresos y digitales y escribe sobre divulgación científica en Así de simple y así de natural y sobre educación digital y tecnología educativa. «La educación digital debería ser una educación que no deje de lado la realidad digital y virtual del mundo en el que nos movemos«, afirma.

¿Qué te llamó la atención de la educación para especializarte en ella?

Los recuerdos más intensos que guardo de las clases del colegio y del instituto se relacionan muchas veces con profesores y profesoras que supieron transmitirme no sólo un determinado conocimiento sino la emoción que puede desprenderse de él. Esta misma emoción la encontraba recurrentemente en las obras de los grandes divulgadores (principalmente, científicos). Yo quería (y aún quiero) parecerme a ellos.

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Por otro lado, existe una sensación prácticamente indescriptible de orgullo, satisfacción, emoción y alegría en el momento en que ves que has influido de manera positiva en otras personas.

¿Puedes explicarnos qué se entiende por educación digital?

Actualmente la definición más extendida hace referencia casi en exclusividad al uso de herramientas digitales; muchas veces asociada directamente con el uso de «libros de texto digitales». Sin embargo, creo que la educación digital debería aspirar a ser mucho más: una educación que no deje de lado la realidad digital y virtual del mundo en el que nos movemos, ni las nuevas tendencias que se dibujan en un futuro no muy lejano. Para ello, tan necesaria es la integración de los diferentes dispositivos en las dinámicas de aula y de centro, como una acción a nivel legislativo. La redacción e interpretación de los currículos oficiales (especialmente los de la última ley educativa, la LOMCE) no fomentan una verdadera educación digital. Y no me refiero al número de veces que se hace referencia a conceptos tecnológicos (como TIC), sino a acciones que potencien un profundo cambio metodológico alejado de la memorización y más cercano a las competencias necesarias para formar a una ciudadanía alfabetizada en todos los sentidos.

Has sido autor y editor tanto de libros de texto digitales como impresos, ¿con qué tipo disfrutas más?

Disfruto más con los libros de texto digitales, por las inmensas posibilidades que permiten y porque se les relaciona de manera casi inconsciente con la innovación, hecho que permite utilizar enfoques menos tradicionales.

Entre las posibilidades que comentaba, sobresale la opción de integrar recursos de diferente formato, como animaciones, vídeos, audios, etc. En este sentido debo destacar el intenso aprendizaje al que uno debe enfrentarse cuando decide implementar recursos en estos formatos: su discurso y su trasfondo pedagógico no puede ser una transposición de lo que encontramos en papel. No tienes una constricción espacial tan acotada como en el formato impreso. Esto puede darte mucha libertad a la hora de abordar la redacción de los contenidos y las actividades.

Quizás lo que más haya influido en mi «disfrute» personal no haya sido tanto el formato como los recursos disponibles y, sobre todo, el equipo con el que trabajas y la libertad de qué dispones.

¿Qué ventajas tienen uno y otro a nivel de aprendizaje?

El libro impreso cuenta con todo el peso de la tradición a su espaldas. Esto hace que se le perciba como el «elemento base» del aula por muchas personas y varios colectivos dedicados a la educación. Siguiendo con esta reflexión, el libro de texto digital puede incorporar muchos recursos, pero si se limita a ser un reflejo más o menos «enriquecido» del impreso, no dejará de verse como una falsa mejora que se elabora y se utiliza de una forma un tanto forzada.

La importancia estriba no tanto en el formato sino en la calidad de los contenidos tanto a nivel de rigor como de valor pedagógico. En ambos casos el libro de texto digital compite, por dispositivo, con la infinidad de contenidos de alta calidad que podemos encontrar en internet. El problema es que muchas veces estos contenidos están dispersos y en pocas ocasiones se encuentran recursos que aúnen calidad en la vertiente rigurosa y en la pedagógica.

Por otro lado, también creo que el formato digital debería promover una personalización más profunda, flexible, ágil y sencilla. Y existen muchos movimientos y productos que van en este sentido.

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