Tanto los niños, como los adultos, podemos aprender de muchas maneras distintas: a través de asociar ideas, colaborando con otros compañeros o descubriendo.

En este artículo, hablaremos sobre qué es y cómo funciona el aprendizaje por observación, y qué recursos puedes tener en cuenta para aplicarlo en el aula. Además, lo haremos a través de algunos ejemplos. ¡Empecemos!

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Qué es el aprendizaje por observación

El aprendizaje por observación se basa en ver cómo se comporta otra persona o ente para modificar tu propia conducta. Es decir, a través de observar qué hace alguien o algo externo, podemos aplicarlo en nuestras propias habilidades y manera de comportarnos.

Este tipo de aprendizaje no suele basarse en teoría, sino en imitar lo que hace otra persona. En otras palabras, se aprende casi sin esfuerzo e, incluso, en muchas ocasiones se hace de manera inconsciente.

Desde muy temprana edad, es la manera más rápida y fácil de aprender, ya que abarca procesos clave como aprender a decir las primeras palabras o los primeros pasos. 

Sin embargo, como docentes, debemos tener en cuenta que las consecuencias de este aprendizaje pueden ser tanto positivas, como negativos. ¿Por qué? Pues porque el niño puede aprender de todo tipo de modelos: desde sus padres, compañeros de clase y docentes, hasta sus personajes de ficción preferidos u otros animales. 

Principales fases del aprendizaje por observación

Este tipo de aprendizaje se resume en cuatro fases principales, que reconocerás enseguida: atención, retención, reproducción y motivación. 

Aunque muchas veces el aprendizaje se hace de manera inconsciente, según el tipo de información es posible que sea necesario un proceso más complejo, como explicar el proceso o el paso o paso. Por ejemplo, sería el caso de ser un maestro de música que quiere enseñar a colocar de manera correcta los dedos del alumno en el instrumento musical.

Dicho eso, vamos a ver las cuatro fases principales de este tipo de aprendizaje: 

Atención

En la etapa de atención, el niño deberá ser capaz de percibir y comprender los sucesos que están pasando en su entorno. Sobre todo será muy importante que ponga el foco en aquello que está aprendiendo. Por ejemplo, si su madre está cocinando unas galletas, pero el niño tiene el foco puesto en un dibujo que está pintando, no va a aprenderlo.

Retención

Si el niño pone atención en la acción, la siguiente fase será memorizar lo aprendido, ya sea verbal o visual. Un ejemplo: quizás el niño pone atención en cómo hablan sus docentes, pero todavía no es capaz de retenerlo con claridad.

Reproducción

En esta fase, el niño pone en práctica lo aprendido. Es probable que al inicio no le salga a la perfección, pero es normal: el maestro hace la práctica. Por ejemplo, quizás un niño no devuelve de manera correcta una pelota de tenis a la primera. Aun así, si observa a tenistas profesionales, poco a poco va a mejorar su técnica.

Motivación

Y, por último, tiene que haber algo que motive al alumno. No hace falta que sea una recompensa física o verbal, a veces la consecuencia de la acción es suficiente. Por ejemplo, si el niño ve que cada vez devuelve mejor las pelotas de tenis a su contrincante, estará más motivado de seguir practicando. 

Los niños nunca dejan de aprender

Como puedes ver, el aprendizaje por observación es de los más básicos y presentes en nuestras vidas, sobre todo fuera del aula. Sin embargo, dentro de las clases también deberíamos tenerlo en cuenta para aplicarlo de manera transversal.

Esta es la propuesta de nuestro programa Inspira, que a través de observar fenómenos naturales, escuchar nuestras emociones o practicar la observación consciente, invita a los niños a aprender de su entorno y a su ritmo.

De esta manera, podemos promover el aprendizaje por observación con actividades fuera y dentro del aula. Por ejemplo, a través de la creación de un huerto infantil o de practicar posturas de yoga infantil, inspiradas en la naturaleza.

Sin embargo, recuerda que este tipo de aprendizaje puede ser tanto positivo, como negativo. Por esta razón, será muy importante que el entorno del niño cultive unos hábitos saludables y una actitud positiva, para convertirnos en un modelo a seguir.

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